La IA concentra poder: 100 empresas controlan el futuro digital

¿Qué ocurre cuando apenas cien corporaciones deciden el rumbo tecnológico de 8.000 millones de personas? La respuesta ya no pertenece al terreno de la especulación. En 2022, únicamente cien empresas financiaron el 40% de toda la investigación mundial en inteligencia artificial. Ninguna de ellas tiene sede en países en desarrollo, con la notable excepción de China. Este dato, revelado por la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD) en su reciente informe publicado el 7 de abril de 2025, expone la geografía real del poder tecnológico: está extremadamente concentrado, peligrosamente desigual y avanza a velocidad vertiginosa.

La nueva cartografía del dominio tecnológico

El mapa de la inteligencia artificial tiene dos capitales indiscutibles: Washington y Beijing. Estados Unidos y China acumulan el 33% de las publicaciones científicas sobre IA a nivel mundial. Pero el dato que realmente alerta es otro: ambas potencias concentran el 60% de todas las patentes globales relacionadas con esta tecnología. Las patentes, recordemos, no son simples certificados académicos. Son instrumentos legales que otorgan monopolios temporales sobre innovaciones específicas, determinando quién puede comercializar qué, dónde y bajo qué condiciones.

Esta concentración genera un efecto de retroalimentación. Quien posee las patentes atrae inversión. Quien atrae inversión genera más investigación. Quien investiga más registra nuevas patentes. El círculo virtuoso para unos pocos se convierte en barrera de entrada infranqueable para la mayoría.

El mercado de los 4,8 billones de dólares

En 2023, la inteligencia artificial representaba apenas el 7% del mercado mundial de tecnología punta. Una cifra modesta si se compara con semiconductores, biotecnología o telecomunicaciones avanzadas. Pero las proyecciones indican que para 2033, el mercado de IA alcanzará los 4,8 billones de dólares. Esto implica multiplicarse por 25 en apenas una década.

Para dimensionar esta cifra: 4,8 billones equivalen aproximadamente al Producto Interno Bruto combinado de Alemania y Francia. Es más que toda la economía de Japón. Y este colosal flujo de capital se distribuirá siguiendo las líneas de poder ya establecidas. Los países que hoy controlan la investigación, las patentes y el financiamiento serán quienes capturen la mayor parte de esa riqueza.

Las naciones sin ecosistemas robustos de desarrollo tecnológico enfrentarán un dilema estructural: importar soluciones diseñadas en Silicon Valley o Shenzhen, adaptándose a arquitecturas digitales que responden a prioridades ajenas, o quedarse al margen de la transformación económica más acelerada de este siglo.

Señales de resistencia desde el Sur Global

Pero la historia no está completamente escrita. Filipinas registró entre 2022 y 2023 un crecimiento del 30% en su grupo de desarrolladores especializados en inteligencia artificial. Este salto cuantitativo refleja una estrategia deliberada: aprovechar su capital humano joven, su dominio del inglés y su infraestructura educativa para insertarse en la cadena de valor tecnológica.

India y Brasil también figuran en el radar de UNCTAD como potencias emergentes en este campo. Ambos países han generado comunidades significativas de desarrolladores de IA, aunque enfrentan desafíos estructurales distintos. India cuenta con una tradición consolidada en servicios tecnológicos y centros de investigación vinculados a universidades de prestigio. Brasil, por su parte, ha manifestado públicamente su preocupación por la dependencia excesiva de modelos de IA foráneos, advirtiendo sobre riesgos educativos y culturales cuando estudiantes recurren indiscriminadamente a herramientas que no comprenden ni controlan.

El problema de la asequibilidad y los datos

China destaca en el informe no solo por su volumen de patentes, sino por dos ventajas estratégicas: asequibilidad y acceso masivo a datos. La primera se refiere a su capacidad de producir soluciones de IA a costos significativamente menores que sus competidores occidentales, democratizando parcialmente el acceso dentro de su mercado interno y en economías con presupuestos limitados. La segunda, más controversial, deriva de su enorme población y de marcos regulatorios que facilitan la recolección y procesamiento de información a escalas imposibles en jurisdicciones con normativas estrictas de privacidad.

Esta combinación convierte a China en un actor ambivalente: por un lado, rompe el monopolio estadounidense; por otro, replica patrones de concentración de poder bajo un modelo diferente de gobernanza digital.

El llamado de UNCTAD: gobernanza o fractura

Rebeca Grynspan, Secretaria General de UNCTAD, ha sido explícita en sus declaraciones: el riesgo no es que la inteligencia artificial transforme la economía mundial, sino que lo haga profundizando las desigualdades existentes. Su organismo ha diseñado políticas específicas de ciencia, tecnología e innovación orientadas a evitar que los países en desarrollo queden relegados a meros consumidores de tecnología importada.

En paralelo, António Guterres, Secretario General de la ONU, lideró esfuerzos en la Cumbre de Acción de IA celebrada en París en febrero de 2025 para establecer marcos de gobernanza que trasciendan intereses corporativos o nacionales. El resultado de esas negociaciones se materializó en la adopción, por parte de los Estados miembros de la ONU, del Pacto para el Futuro y del Pacto Digital Global, ambos firmados en 2025.

Estos instrumentos buscan establecer principios mínimos: transparencia en algoritmos que afectan derechos fundamentales, acceso equitativo a capacidades computacionales, transferencia de conocimiento y mecanismos de rendición de cuentas cuando sistemas de IA producen daños. Pero su efectividad dependerá de la voluntad política de implementarlos y de la capacidad de sancionar incumplimientos.

¿Desarrollo inclusivo o nueva periferia?

El concepto de «inteligencia artificial inclusiva para el desarrollo», que da subtítulo al informe de UNCTAD, plantea una pregunta incómoda: ¿puede una tecnología concentrada en tan pocas manos servir al desarrollo de la mayoría? La historia de revoluciones industriales anteriores sugiere que no automáticamente. El ferrocarril, la electricidad y la informática ampliaron brechas antes de que regulaciones, inversiones públicas y transferencias tecnológicas las redujeran parcialmente.

La diferencia esta vez es la velocidad. Multiplicar un mercado por 25 en diez años no deja margen para adaptaciones graduales. Los países que no actúen ahora —invirtiendo en educación especializada, creando incentivos para retener talento, regulando para evitar dependencia absoluta— se arriesgan a convertirse en la nueva periferia digital.

La inteligencia artificial no es neutral. Lleva inscrita en su código las prioridades, sesgos y objetivos de quienes la diseñan. Cuando ese diseño ocurre en apenas cien empresas y dos países, el resto del mundo no solo pierde oportunidades económicas. Pierde soberanía sobre su propio futuro.

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